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Sangre y coraje en los cerros.



Malvinas


El siglo XIX fue épico en la historia de nuestra Patria y en él, nuestro Ejército protagonizó diferentes conflictos internacionales, en defensa de nuestra soberanía y de la integridad del territorio nacional. Tras más de un siglo de paz, volvió a combatir contra un enemigo exterior en la guerra de Malvinas. Nuestra rica trayectoria bélica está jalonada por numerosos hechos de armas, la mayoría de ellos constituida por brillantes victorias, aunque también se pueden contar dolorosos reveses. Sin embargo, algunas derrotas han sido marcadas por el heroísmo, como Curupaity, Vuelta de Obligado y Malvinas, lo que nos permite a los argentinos enorgullecernos de ellas.

Aquí recordaremos los combates librados por el Regimiento de Infantería 4 (RI 4) en los cerros Harriet y Dos Hermanas en el más reciente conflicto, en la noche del 11 al 12 de junio de 1982.

Los soldados de esta unidad en su mayoría procedían de Corrientes, por lo que les costó mucho adaptarse al clima del archipiélago. Fueron convocados los de la clase 62, quienes habían adquirido durante el año anterior un elevado adiestramiento.

Hasta el momento de entrar en combate, el RI 4 tuvo tres misiones diferentes. A mediados de abril se trasladó a la Patagonia con la misión de dar seguridad estratégica operacional. El 27 de abril cruzó a las islas ocupando una posición en Monte Wall, a 16 km de Puerto Argentino, con la misión de ser reserva. A partir del desembarco británico en San Carlos tuvo que invertir su posición y de ser reserva pasó a ocupar la primera línea de combate.

A partir del 30 de mayo ocupó posición en los cerros Harriet y Dos Hermanas, con la misión de alertar sobre el ataque enemigo. Cumplida su misión, debía replegarse a la ciudad, aunque el comandante que le impartió la orden expresó que iba a ser muy difícil lograrlo.

En las nuevas posiciones, además del fuego naval nocturno, se recibía el de 3 baterías de artillería (18 piezas) de los Royal Marines, que tiraban de día y de noche. Nuestros hombres se alternaban en el descanso para que las 24 horas una parte de la unidad estuviera alerta. Los que dormían lo hacían en pozos poco profundos, porque el anegadizo terreno de turba no permitía cavar mucho; acostumbrados a recibir el fuego enemigo, éste no les impedía dormir.

A principios de junio comenzaron los combates casi cotidianos entre fracciones de seguridad propias y elementos enemigos en misiones de exploración.

Finalmente, a las 22.30 del 11 de junio, el enemigo lanzó un intenso ataque sobre las posiciones del RI 4, contra las del RI 7 en Monte Longdon y una compañía del RI 6 al sur de éste.

El RI 4 fue atacado por la III Brigada de Comandos de Royal Marines, con su comando 42 contra Harriet desde el oeste y el sur, con su comando 45 contra Dos Hermanas desde el oeste y el norte, con el comando 40 como reserva y con el apoyo de su artillería de campaña y la de 2 fragatas. Los atacantes tenían una superioridad de potencia de 6 a 1.

En la oscuridad de la noche los “marines”, provistos de abundantes y modernos visores nocturnos, atacaban decididamente. El reportero Kim Sabido, en su libro Una cara de la moneda narra la operación: “Sin embargo, el avance por las laderas del Monte Harriet fue un asunto lento y cruento… Durante un par de horas parecía que todo iba a salir mal. Acosados en las laderas por los intensos disparos de ametralladoras y tiradores apostados, avanzaban lentamente y a duras penas. Vi caer a varios hombres heridos de bala y a otros los alcanzó la metralla de la continua línea de fuego que disparaban a distancia. Los hombres que teníamos enfrente no iban a ceder si no era tras una lucha encarnizada.

En la oscuridad de la noche, esporádicamente reemplazada por el resplandor de las explosiones y algunas bengalas, el combate se sostuvo. Pero los atacantes, soldados profesionales con experiencia de guerra, hicieron pesar la superioridad de su armamento. Las bajas propias aumentaban. Cuando se combatía a muy corta distancia, la artillería propia tiraba en el límite máximo de su alcance, sobre las posiciones del regimiento, en un supremo esfuerzo por detener la progresión del ataque. Tras recibir la autorización de su comandante, el jefe de regimiento ordenó el repliegue, que pudieron ejecutar las fracciones que no estaban aferradas por el enemigo, y se trasladó al puesto de comando del jefe de la compañía B, que con dos secciones continuaba combatiendo en la ladera oeste del Harriet.

Los restos de dos secciones que se replegaban a Puerto Argentino, al pasar por las posiciones del Batallón de Infantería de Marina 5 en Monte Tumbledown se agregaron a éste por iniciativa de sus jefes, para seguir combatiendo. A las 09.30 del 12 de junio, los británicos se habían apoderado de los cerros y rodeado y capturado a los últimos focos de resistencia. Pese a las circunstancias adversas en que debió combatir y a la desproporción de medios, el RI 4 luchó hasta el límite de sus posibilidades. Prueba de ello fueron los 2 oficiales, 4 suboficiales y 16 soldados muertos y los 8 oficiales, 24 suboficiales y 89 soldados heridos, pero cumplió la misión que se le había impuesto.

El mariscal Ferdinand Foch, último generalísimo aliado en la I Guerra Mundial dijo: “En la guerra se hace lo que se puede con lo que se tiene”. Tal es así que el RI 4 hizo con lo que tenía más de lo que podía esperarse gracias al coraje y la abnegación de sus oficiales, suboficiales y soldados, especialmente aquellos que quedaron en la turba malvinera como centinelas de los irrenunciables derechos a recuperar nuestras islas irredentas.



Malvinas

 

 


 

Diego Alejandro Soriaflecha Autor: Diego Alejandro Soria (general de brigada, veterano de Guerra de Malvinas y miembro del Instituto Argentino de Historia Militar)









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