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Batalla de Tucumán: Materialización de la Revolución de Mayo.




El título del artículo debería ser su corolario. También podría titularse “Tucumán: la batalla que salvó la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata”. Aprecio, no obstante, que es muy importante comenzar señalando la trascendencia de una batalla que no tuvo ni el desarrollo militar de una gran batalla ni la ponderación de Chacabuco, Maipú o la misma Salta, meses más tarde. Sin embargo, Tucumán fue lo que el título indica.

Fue una batalla indefinida en sus acciones militares, en la que su propio conductor no supo cómo había terminado, cuando habían concluido los enfrentamientos violentos de la mañana y parte de la tarde de aquel 24 de septiembre de 1812. A pesar de ello, el general Belgrano tenía muy en claro la situación estratégica que se vivía y sabía que la batalla debía darse en Tucumán y no en Córdoba, como le había sido ordenado por las autoridades de Buenos Aires.

La tradición expresa que la insubordinación de Belgrano salvó la independencia; pero, en realidad, no fue una desobediencia caprichosa, sino que fue la manera en que él interpretó aquellas órdenes, con lo que se demuestra, una vez más, que las decisiones no se pueden tomar desde la comodidad de un escritorio, sino que las debe asumir el comandante, con la responsabilidad y los riesgos que ello implica, en el terreno, ya que solamente él conoce la situación que se está viviendo.

¿Qué fue lo que decidió al general Belgrano a dar allí la batalla? Si el general Pío Tristán continuaba hacia Córdoba, no sólo aumentaría su moral por el espacio que iría ganando, sino que seguiría aumentando su caballada y reclutando más gente, como lo venía haciendo desde Jujuy, y al llegar a Córdoba se encontraría con la mayor población española que había en esos momentos en las Provincias Unidas, pues allí habían sido desterrados los españoles de Buenos Aires y el norte luego del 25 de mayo de 1810, y, con toda seguridad, se incorporarían al ejército realista.

Luego de una retirada desde Jujuy de casi 650 kilómetros, el general Belgrano decidió conservar Tucumán y dar en ese lugar la batalla. Hizo preparar posiciones y cavó fosos en el linde norte de la ciudad para hacerse fuerte allí y, de esa manera, obligar al enemigo a desgastarse en un enfrentamiento poco convencional, en el que los realistas tenían amplias ventajas en cuanto a efectivos, material e instrucción.

Por su parte, Pío Tristán ni siquiera pensó en una batalla, ya que su idea era la de amenazar con una pequeña fracción el norte de la ciudad y con la masa de su ejército rodearla, bloquear su salida hacia el sur y, una vez cercado el ejército patriota dentro de la ciudad, exigir su rendición.

Fue así que, cuando con las primeras luces del día 24 de septiembre el ejército patriota fue a ocupar sus posiciones en el norte de la ciudad, se anotició de que su enemigo se encontraba a menos de una legua al sudoeste, en el Campo de las Carreras y próximo a cortarle la retirada. Esto obligó al general Belgrano a un rápido redespliegue.

¿Cómo era la relación de fuerzas? Belgrano contaba con 900 hombres de infantería, 600 jinetes armados con lanzas y 4 cañones, en tanto que los realistas duplicaban a los patriotas en efectivos, la mayoría de los cuales eran de infantería, y poseían el triple de cañones.

La rapidez con la que el ejército patriota adoptó el nuevo dispositivo tomó por sorpresa al ejército realista, que se encontraba sin completar el despliegue ni cargar sus armas. Esta situación fue aprovechada por Belgrano al ordenarle al teniente coronel Balcarce, al mando de la caballería de su ala derecha, atacar el flanco izquierdo realista, y a los batallones de Infantería Nro 6 y de Cazadores, al mando del teniente coronel Warnes y del mayor Torres respectivamente, que hicieran lo propio con el centro y el ala izquierda enemiga. Ambas acciones fueron exitosas y ocasionaron la retirada en desorden de esa parte del ejército realista, mientras que el ala derecha realista arrasaba a la izquierda de Belgrano y tomó prisionero al teniente coronel Superí, jefe del Batallón de Infantería de Castas.

A pesar del esfuerzo de Pío Tristán de continuar atacando, la desordenada fuga de su centro y ala izquierda arrastró a todo su ejército fuera del campo de batalla, oportunidad que aprovecharon los patriotas, a órdenes de Díaz Vélez, para guarecerse dentro de la ciudad. Por su parte, Belgrano, que desconocía el resultado de la batalla, se replegó con su estado mayor hacia el sur, pero fuera de la ciudad.

En algún momento de la tarde, con parte de su ejército ubicado en el linde de la ciudad, Pío Tristán exigió la rendición, que fue rechazada por Díaz Vélez. En la mañana del 25 de septiembre, el coronel Moldes fue a ofrecerle la rendición al general Pío Tristán, quien le respondió: “El Ejército del Rey nunca se rinde”. Sin embargo, al no poder reunir a sus efectivos, inició el repliegue hacia Salta, perseguido por Díaz Vélez.

Finalmente, Belgrano ingresaría a la ciudad reuniendo a todo su ejército y, como el 24 de septiembre es el día de Nuestra Señora de Mercedes, en un acto de devoción y agradecimiento, Belgrano la nombró e hizo reconocerla como Generala del Ejército, y le entregó su bastón de mando en un momento de la procesión.

Tal como el título del artículo lo indica, la Batalla de Tucumán fue la materialización de la Revolución de Mayo, que, hasta entonces, había sido algo teórico y que, en Huaqui, cuando se la trató de concretar militarmente, había fracasado rotundamente.



 

 


 

flecha Autor: General (R) Rafael Jose Barni – Instituto Argentino de Historia Militar




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