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Primeros Materiales de Navegación y Buceo con que contó el Ejército Argentino.




My Ing (R) Museólogo, Sergio Oscar Toyos



El estallido de la IIda. Guerra Mundial, se caracterizó por haber desplegado en forma previa a su desenlace y posterior desarrollo, ensayos en otros conflictos como la Guerra Civil Española. Tras la invasión alemana de Polonia y el comienzo de la conflagración mundial, se pudo observar un inmediato despliegue masivo de nuevas estrategias y tácticas permitidas por la disponibilidad y empleo contundente de nuevas y revolucionarias invenciones, materiales de todo tipo y la consiguiente ejecución de rápidas y móviles operaciones militares que aprovechaban las experiencias tanto de la Ira. Guerra Mundial, como de la Guerra Civil Española, aplicando concienzudamente una nueva estrategia caracterizada por la movilidad, la rapidez y la abundancia de nuevos y revolucionarios medios.

Así, fuerzas especiales de comandos, paracaidistas, pilotos de planeadores y de nuevas y potentes aeronaves, tanquistas tripulantes de veloces y potentes ingenios y otras novedades, incluyeron fuerzas de pequeña magnitud, altamente especializadas, duramente entrenadas y equipadas con riesgosos y nuevos equipos que pronto demostrarían nuevas formas de hacer la guerra. Se caracterizaron por lo subrepticio de sus acciones, lo contundente de sus resultados y el dominio de nuevos ingenios inventados para un tipo de guerra que difería totalmente del primer conflicto mundial.

Este se encontraba marcado por la movilidad, la rapidez, la conjunción de fuerzas navales, terrestres y aéreas en forma coordinada y el empleo de revolucionarias y letales invenciones. Una de ellas, la constituyó el empleo de comandos anfibios que se valieron de notables y recientes invenciones. Entre ellas, merece destacarse especialmente la del “Aqualung”, revolucionario e ingenioso dispositivo desarrollado en 1943 en la Francia ocupada, por el capitán de corbeta de la Armada Francesa Libre, Jacques Yves Cousteau y el ingeniero de la misma nacionalidad, Emile Gagnan. Habían dado a luz a los buzos autónomos.

Buzos del Ejercito Argentino - Historico


El ingenio consistía básicamente de un dispositivo que almacenaba aire comprimido en unos botellones metálicos y lo suministraba al buceador mediante una válvula a demanda a la presión normal de inspiración, independientemente de la profundidad a la que se estuviese. Lo realmente extraordinario de este invento era la capacidad que le permitía al buzo de no depender del suministro de aire desde la superficie, tal como se venía haciendo desde muchísimo tiempo atrás, brindándole total libertad de movimientos y una autonomía limitada solamente a la capacidad del aire contenido en el o los botellones, la experiencia del buzo, la temperatura del agua y el tipo de trabajo que se encontrare realizando. En realidad, el corazón del nuevo equipo lo constituía la válvula reductora, la que con toda comodidad le permitía sin ningún esfuerzo respirar al buzo de la misma forma en que lo hacía en la superficie.

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El gas respirable continuaba siendo aire atmosférico comprimido a unos 150 / 200 Kg./cm2. Los botellones de una aleación especial de acero que lo contenían, permitían que un buzo medianamente experimentado tuviera una autonomía de algo más de media hora. Los factores limitantes eran la profundidad máxima a alcanzar, que estaba en el orden de los 45 a 50 mts. y desde el punto de vista militar, el que el aire espirado por el buzo escapaba libremente a la superficie en forma de burbujas, delatando así su presencia.

No obstante, el paso dado, era de trascendental importancia y, muy pronto, nuevas invenciones permitirían el empleo militar del equipo, sin que se advirtiera la presencia de los buzos sumergidos. En cuanto a la profundidad, la limitación estaba dada por el efecto narcótico que ejerce el Nitrógeno, integrante del aire respirable en un 75 %, al alcanzar estas profundidades mencionadas. A pesar de ello, estas eran aleatorias, dependiendo de cada individuo la forma en que lo afectara. El propio Cousteau, alcanzó con su invento, la profundidad de 90 mts., realizando etapas posteriores de descompresión a fin de eliminar el efecto de la narcosis nitrogénica. Otro aspecto descubierto durante la exploración del nuevo y maravilloso mundo submarino, era el de las enfermedades y accidentes que podían producirse durante el descenso, la estadía en el fondo o durante el ascenso del buzo. Esto ya se conocía desde la práctica del buceo tradicional con escafandra, pero aún no se habían perfeccionado tablas que en forma profiláctica permitieran realizar inmersiones libres de mayores riesgos. Con el tiempo se harían mundialmente famosas las experimentadas, confiables y probadas tablas fijadas por la Armada de los EE.UU., todavía vigentes y aplicadas por todo buzo responsable.


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Hasta aquí, vemos el desarrollo de este invento que, perfeccionado en forma permanente, permite en nuestros días realizar inmersiones a profundidades antes impensables y bajo normas de seguridad casi absolutas. También, la actividad se ha popularizado y alcanzado su aplicación a innumerables trabajos, que van desde el simple divertimento deportivo hasta su uso en la prospección petrolífera submarina, el desarrollo de trabajos de salvamento, arqueología subacuática, investigación científica de amplio espectro y un sinfín de tareas más.

A la invención de este equipo que, como dijimos, liberaba hacia la superficie las burbujas del aire espirado por el buzo limitando su uso militar, la imaginación, siempre fértil en recursos, denominó a este tipo de equipos, como de “circuito abierto”, por la liberación mencionada, pasando a investigar en el diseño de otro que no produjera este efecto. Así, pronto surgió el equipo de “circuito cerrado”, que en vez de aire comprimido, usaba para respirar Oxígeno medicinal puro, lo que limitaba aún más la profundidad límite a alcanzar, llevándola a unos diez metros, pero eliminando las delatoras burbujas. La fábrica italiana Pirelli, diseñó un equipo consistente en dos pequeños tubos que contenían este gas, el que por una válvula manual se hacía pasar a una bolsa de goma que el buzo llevaba pegada al pecho. Esta denominada “bolsa contrapulmón” contenía un filtro de cal sodada. Por una manguera corrugada, el gas era aspirado y espirado, pasando el CO2 producto de la espiración por el mismo ducto, quedando retenido por el filtro de cal sodada, y quedando un remanente de O2 reutilizable por el hombre sumergido. Esto permitía disponer de una autonomía aproximada a las dos horas, dependiendo siempre de la experiencia del buzo, los esfuerzos que realizara, la temperatura del agua, etc. Una nueva “arma”, un revolucionario instrumento, había sido creado para poder realizar acciones encubiertas de incursión por aguas enemigas, que se aprovechaban para el reconocimiento de costas para futuros desembarcos, eliminación de obstáculos y colocación de cargas explosivas en buques surtos en dársenas, puertos y fondeaderos. Pero la idea de emplear buzos en operaciones militares encubiertas, no era una invención absoluta de ese momento.

Era casi tan antigua como la propia humanidad, aunque al principio, la limitación de medios con la que contaba el hombre primitivo, no le permitía soñar en términos bélicos. Serían los pescadores de coral, perlas y esponjas del Mediterráneo y el Mar Rojo los primeros “profesionales” en la compleja técnica del buceo; en la época helenística, los buceadores gozaban de una especial distinción. Posteriormente lo harían los polinesios y las pescadoras de perlas japonesas, que también gozaban de una merecida fama. Pero pronto el hombre, siempre dispuesto a encontrar nuevos medios eficaces para la guerra, intuyó que estos buceadores bien podían convertirse en una poderosa fuerza de combate, siendo los griegos los primeros en utilizarlos con éxito en operaciones navales especialmente durante las guerras del Peloponeso, con un tubo respirador que según Aristóteles “les hacía parecerse a los elefantes”.

También hay constancia de que los asirios utilizaban buceadores militares, usando odres de carnero llenos de aire a modo de aparato respirador. Sin embargo serían los romanos quienes dentro de su extraordinaria organización militar, crearían las primeras unidades de combatientes subacuáticos, a las que denominaron “Urinatores” de cuyo equipo años después haría una amplia descripción Renato Vegetius, militar y autor famoso del siglo IV de nuestra era, en su obra "De re militare". Las primeras operaciones en que intervinieron estos combatientes fueron las guerras de César contra Pompeyo; después sus operaciones se sucederían una tras otra hasta el año 200 de nuestra era. A partir de entonces, con la caída del Imperio Romano se perdería la figura del buceador guerrero y aunque de hecho continuaron existiendo durante todo el Medioevo, habría de ser en el Renacimiento cuando la actividad subacuática volvería a tomar un nuevo impulso, especializada en trabajos tales como los de recuperación de buques hundidos, trabajos en puertos y arsenales, e incluso en la continuación de la tradición del pescador de esponjas y coral.

La figura del submarinista combatiente no empieza a esbozarse de nuevo sino hasta casi a finales de la Ira. Guerra Mundial, y fue precisamente en Italia, la cuna de los “Urinatores” donde volvería a resurgir. Con fuerzas limitadas, este país se volcó especialmente a buscar sistemas de ataque que les permitieran lograr resultados cuantitativos con medios también limitados. Así, en 1917 se idearon los antecesores de los modernos medios de asalto que se utilizarían durante la IIda. Guerra Mundial. En la búsqueda de estos nuevos "medios de ataque", el médico militar Raffaele Paolucci realizó pruebas con trajes especiales que permitían nadar largas distancias bajo aguas frías. Los buceadores podrían entonces aplicar cargas explosivas magnéticas a los cascos de los buques anclados en los puertos enemigos. Para complementar la acción de estos submarinistas el capitán Raffaele Rossetti, desarrolló un torpedo tripulado por uno o dos hombres que lo guiarían a flor de agua hasta las cercanías del buque enemigo. Luego pegarían magnéticamente la cabeza explosiva desmontable al casco del buque enemigo. Antes de la explosión, que ocurriría por medio de un mecanismo de relojería, los tripulantes tendrían tiempo de ponerse a salvo.

Los resultados obtenidos con estos y otros nuevos medios de ataque (incluido el Grillo, una buque anfibio articulado) fueron variados, siendo especialmente prometedores los del torpedo de baja velocidad "Mignatta" inventado por Rossetti. Terminado el primer conflicto mundial, la Regia Marina, tras un normal período de espera, empezó a renovarse. En el año 1935 cuando la amenaza de una guerra con Gran Bretaña se hizo latente, ordenó la formación de la Primera Flotilla MAS (Motoscafo anti somergibili), encargada de desarrollar "Métodos de Asalto" para el nuevo tipo de guerra submarina, tanto defensiva como ofensiva, retomando la idea de las lanchas MAS y del torpedo de Rossetti. Los oficiales de marina Teseo Tesei y Elio Toschi recuperaron el viejo “Mignatta”, fabricando un torpedo con una carga explosiva removible de 300 Kg., propulsión eléctrica y tripulado por dos hombres (uno pilotaba y el otro abría paso entre las redes antitorpedos y fijaba la carga al casco). Al proyecto lo llamaron "Siluro a Lenta Corsa" o torpedo de marcha lenta o simplemente SLC, pero después se haría famoso con el nombre de "Maiale" (Cerdo).

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Los hombre-rana (la denominación exacta italiana era “Hombres Gamma”) fueron creados durante la guerra en 1941. Equipados con trajes secos, aletas y equipos respiratorios de circuito cerrado como los que ya hemos descrito, se les confiaba ingenios con pocos kilos de explosivo, que se utilizaban contra buques mercantes, mucho más vulnerables que los buques de guerra. Estos aparatos llamados Cimici o Mignatta, se aplicaban a los cascos de los buques por medio de ventosas. Otros, con cargas más potentes llamados Bauletti, se idearon para atacar a los vapores en puertos neutrales.

Tenían la particularidad de explotar cuando el barco estaba en movimiento y había recorrido ya varias millas fuera del puerto. De este modo no podían surgir complicaciones con los estados neutrales, quedando el enemigo en la duda de si el buque hundido en alta mar había sido torpedeado, había chocado con una mina o había sido, simplemente, víctima de un accidente de naturaleza desconocida. Todos estos medios de asalto fueron agrupados en una unidad denominada Décima Flotilla MAS (X MAS), al mando del capitano di vescello, príncipe, Junio Valerio Borghese con objeto de mantener en secreto su verdadera naturaleza.

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Fueron varias las operaciones que se llevaron a cabo con estos medios: cuatro contra Alejandría; nueve contra Gibraltar; tres contra Malta; una contra Suda; una contra Haifa; una contra Argel; dos contra Bona; tres en el puerto de Huelva; dos en Alejandría; dos en Mersin, así como varias acciones en el sector costero de El Bab´a (Egipto), y en el Norte de África. En estas acciones hundieron o pusieron fuera de servicio 5 buques de guerra con un total de 73.190 Ton. y 23 mercantes por 130.172 Ton.

Siguiendo su ejemplo, otras potencias también desarrollaron combatientes submarinos: los ingleses crearían los "Frogmen" (hombres rana) denominación que ha quedado muy arraigada y que aún se sigue utilizando cuando se menciona a los buzos autónomos. Los ingleses necesitaron cierto tiempo para ponerse al mismo nivel que sus enemigos: al principio carecían de lo más elemental para hacerles frente (su equipo básico constaba de un short de baño, equipo respirador muy semejante al italiano, y copiado de algunos capturados, gafas de buceo, cinturón de plomos y unas chancletas de madera (¡ni siquiera tenían aletas!)), pero pronto estuvieron dotados de un equipo moderno y tácticas parecidas, incluyendo el uso de torpedos tripulados (Chariot). Los norteamericanos también harían uso de los submarinistas en la campaña del Pacífico.

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Italianos de la ya célebre Xma Flotiglia MAS poniendo fuera de combate los acorazados ingleses HMS “Valiant” y HMS “Queen Elizabeth”, como al petrolero “Sagona”, y averiando el destructor HMS “Jervis”, que estaba junto al Sagona. El buceador alemán amateur Von Wurzian fue el primero en probar respiradores para la Armada Alemana. Estos respiradores, de procedencia italiana y fabricados por Pirelli, eran de dos tipos: el ARO y el 49/bis. También se adoptaron los trajes “Belloni” de la Regia Marina.

En 1943 el almirante Karl Dönitz ordenó al vicealmirante H. Heyes crear una unidad especial; se le daría el nombre de Kleinkampf Mittel Verband, más conocida como “Fuerza K”. Sus primeros hombres, incluido Von Wurzian, fueron entrenados por la Xma Flotiglia MAS italiana. Las primeras unidades de hombres rana denominadas MEK (Marine Einsatzkommando) compuestas por un oficial y 22 hombres se activaron en junio de 1944 aunque ninguna estuvo operativa para el Día D.

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También los alemanes desarrollaron sus propios métodos de ataque. Uno de ellos era la “Linse” (lenteja), consistente en una lancha explosiva (había una versión tripulada y otra dirigida a control remoto) cargada con 300 Kg. de explosivo. Otro fue una copia del torpedo “Chariot” británico, copiado a su vez del “Maiale” italiano (Italia nunca cedió los planos de sus SCL a los alemanes) y por último estaban los “Neger”. Este diseño era genuinamente germano, y no era más que un torpedo tripulado, con una velocidad de 4 nudos, que llevaba otro torpedo adosado para disparar.

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Tampoco deben olvidarse los submarinos de bolsillo (Biber y Seehund) mono y biplazas, aunque sus operaciones eran muy costosas para los resultados obtenidos. Hasta el fin de la guerra, los servicios técnicos de la marina se esforzaron en perfeccionar aquella arma sin llegar a hacerla más eficaz y sobre todo, menos vulnerable. Entre junio de 1944 y febrero de 1945 llevaron a cabo diversas acciones de comando y sabotaje en Francia, Holanda, Italia y la propia Alemania, y con el tiempo, los “hombres K” darían origen a los "Kampfschwimmer", una de las fuerzas especiales más reputadas de la OTAN.

En Japón, el uso de submarinistas estuvo enfocado no tanto a operaciones secretas, sino a misiones suicidas. Desde el principio, los nipones dieron prioridad a los submarinos enanos (que no pasaban de ser torpedos tripulados) a los que se llamó Kaiten (“Salida hacia el cielo” o “El que hace temblar”). Se propusieron al principio de la guerra y, aunque fueron rechazados, las insistencias (incluida una carta escrita ¡con la sangre de sus inventores!) hicieron que fueran aceptadas como armas Tokko (suicida) en 1943. Para el entrenamiento de los aspirantes se habilitó una base secreta el Otsujima, designada simplemente como Base P. El Kaiten no era sino un torpedo Tipo 93, al que se le insertó una pequeña carlinga para el piloto, los mandos para el control de rumbo y profundidad, un rudimentario periscopio para la aproximación final y una silla de lona. En la proa había una carga de 1.500 Kg. de TNT. Un submarino de la Clase I, que podía transportar 6 Kaiten, acercaba su mortal carga al objetivo.

A través de una escotilla especial los submarinistas se subían a su torpedo y mediante un teléfono estaban en contacto con el submarino nodriza, el cual ajustaba la brújula e informaba el rumbo, velocidad y tiempo que cada ingenio debía tomar. Todos estos datos acercaban al torpedo a una distancia de 500 m del objetivo, en este momento, mediante una manivela, se izaba el periscopio para apuntar y fijar el blanco; era el momento para dar avante toda, descender a 3.6 m. y demostrar su valor. Aparte de que eran sumamente difíciles de manejar, en caso de fallar del objetivo, el piloto no podía regresar al submarino nodriza, por desconocer el emplazamiento de éste, ya que se habría sumergido y no tenía posibilidad de localizarlo. Así que, una vez agotado el combustible, al tripulante no le quedaba otra que la destrucción del Kaiten y evitar la deshonra de ser capturado por del enemigo.

Las "moscas" (definición que daban los marinos nipones a los torpedos humanos) no consiguieron daños apreciables sobre las naves americanas. Las unidades Kikumizu (en Ulithi y Palau), Kongo (en Guam y Nueva Guinea), Chibaya y Kamitake (en Iwo Jima), Tatara (en Okinawa) y Amataka (en las Filipinas) significaron la muerte de docenas de jóvenes entusiastas con el resultado de sólo unos pocos barcos hundidos. Lejos de abandonar, los japoneses continuaron investigando e ingeniando nuevos medios de ataque suicida y así nacieron las lanchas explosivas que se encuadraron en las denominadas unidades Shinyo ("remover el océano") y las de hombres rana con cargas autónomas llamadas Fukuryu ("dragón reptante").

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Así las cosas, nuestro Ejército, inmediatamente después de haber finalizado la Guerra Mundial y considerando las características de sus largos, anchos y caudalosos ríos interiores, resolvió crear una unidad de Ingenieros, por entonces aún denominados Zapadores, que estuviera especialmente equipada, instruida y organizada con el expreso objeto de llevar a cabo eventuales operaciones a lo largo o a través de los grandes ríos de la Mesopotamia.

La creación del nuevo Batallón de Pontoneros de Grandes Ríos, generada por superior decreto del 6 de octubre de 1945, se concretó el 16 de diciembre de 1945, siendo su primer emplazamiento la ciudad de Paraná, y constituyendo una formación especial del Comando en Jefe del Ejército. Por su ubicación, dependía del Comando de la 3ra División de Ejército, bajo el mando directo del Comandante de Ingenieros de esa División. Mientras tanto, se construían sus cuarteles en el paraje santafesino denominado “Cuatro Bocas”, confluencia de los ríos Salado, El Vado, Negro y Coronda, en Santo Tomé, localidad muy próxima a la ciudad capital santafesina. Finalizadas las obras de construcción de los nuevos cuarteles, embarcados su personal, medios y materiales en sus propias embarcaciones, navegó en varias jornadas hasta Santo Tomé, cumplimentándose esta actividad el 16 de enero de 1947. Colaboró con el remolque de las barcazas SP, el remolcador “Gobernador Freyre”, facilitado por la provincia de Santa Fe. Terminada la instalación de la unidad, se retomó la instrucción específica de sus actividades particulares y se continuó brindando apoyo a la población civil local.

El objetivo primario de la unidad se centraba en la histórica, engorrosa y dificultosa tarea de comunicar esa gran región de nuestro país con el resto del territorio nacional, aislándolo en su desarrollo, por lo que se priorizó el equipamiento en la provisión de embarcaciones que estuvieran en condiciones de cumplir con las exigencias para las que se había proyectado su creación.

Básicamente contaba con una dotación del puente flotante de 7 Ton. de capacidad portante (M-2), reemplazado en 1948 por el de 18 Ton. (M-3), material de Puente de Paneles Algrain, sustituido en 1952 por el material Bailey, comprado como sobrante de guerra en enormes cantidades tanto para abastecer al Arma de Ingenieros, como para Vialidad Nacional; maquinarias de gran rendimiento para el movimiento de tierra, hincapilotes y herramientas generales de Ingenieros.

Como material específico de navegación para desempeñar la misión para la que se creara la unidad, recibió el siguiente material:
- 4 barcazas sin propulsión (SP) de 300 toneladas de capacidad, aptas para el transporte de todo tipo de cargas, de las cuales, dos poseían plumas de carga y rampas laterales. Su construcción era de madera y sirvieron hasta fines de los años sesenta, sobreviviendo el último ejemplar, ya en tierra y radiado del servicio, hacia 1975, en que fue desguazada.
- 6 barcazas de desembarco de personal (BDP), también conocidas como LCVP, que describiéramos en la entrega anterior, de procedencia norteamericana y adquiridas junto con un importante lote para la Armada, a los EE.UU. como surplus de guerra. Tenían casco de madera reforzado con blindajes parciales de chapa de acero.
- 6 Barcazas de desembarco (BDT) o LCM, modelo un poco mayor que la anterior, con capacidad para transportar hasta un tanque Sherman. Tenían casco metálico.
- 5 Remolcadores ML (Mula Leufú), también de procedencia norteamericana, adquiridos como surplus de guerra, que servían para arrastrar o empujar a las barcazas sin propulsión.
- 3 Lanchas blindadas de reconocimiento, fabricadas al igual que las BDP y BDT, por los astilleros Higgins de EE.UU.
- 3 Lanchas de reconocimiento y comando fabricadas en el país, equipadas con motores Ford V 8.

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En sus nuevos cuarteles, la unidad continuó sus ejercitaciones y a entrenar a su personal en tareas que hasta ese momento si bien no eran del todo desconocidas para los zapadores, debido al tipo de materiales recibidos, tuvieron que recibir instrucción por parte del personal de la Armada que se trasladó hasta el nuevo cuartel en el remolcador ARA “Comechingones”.

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Remolcador ARA Azopardo, similar al ARA Comechingones, del que no se tienen imágenes.



Esta singular unidad del Arma, continuó avanzando en la reunión de experiencias y obteniendo cada vez mayor pericia en el manejo de estos materiales, constituyendo hasta nuestros días, un elemento de ayuda inestimable para la población de la región, considerando las grandes inundaciones que la aquejan periódicamente. Con el tiempo, por disposiciones de la superioridad, el 16 de marzo de 1962, se ordenó la disolución del batallón, pasando sus subunidades a integrar en la misma guarnición de Santo Tomé, el Centro de Ingenieros de Construcciones de reciente creación.

La misma se materializó en 1963. Mientras tanto y desde cinco años atrás, con motivo de operarse un período de grandes reestructuraciones en toda la Fuerza, entre las cuales se cuenta el cambio arriba mencionado, desde el 6 de diciembre de 1958, se había creado como Subunidad Independiente, la Compañía de Zapadores Anfibios Motorizada, expresándose en los considerandos que fundamentaban la resolución de crearla que “la moderna conducción de las operaciones militares terrestres no puede ser adecuadamente satisfecha si el Arma de Ingenieros no cuenta con unidades técnicamente capacitadas para determinadas misiones de combate. Que las circunstancias indicadas y la constante evolución de los medios de lucha impone la necesidad de que el Ejército disponga dentro del Arma de Ingenieros de unidades de Zapadores Anfibios.”

Esta subunidad, por razones prácticas que hacían a su administración y gobierno, pasó a depender directamente del Batallón de Pontoneros de Grandes Ríos, como Compañía de Zapadores Anfibios Motorizada y ocupó los mismos cuarteles de la unidad de la que dependía. Esta novísima compañía, inspirada su misión en las relativamente frescas experiencias recogidas de la 2da. Guerra Mundial, se organizó en un Jefe, un Grupo Comando y tres Secciones de Ingenieros Anfibios, cada una de ellas, a tres Grupos de Combatientes Anfibios. Cada uno de éstos estaba constituido por un Jefe y seis hombres, que adoptaban el nombre de “patrullas”.

Sus normas de instrucción se apoyaban fuertemente en la emboscada, el golpe de mano, el rastreo, colocación de minas, reconocimientos, etc., todo en estrecha relación con el medio ribereño. La Compañía tenía una gran independencia, potencia de fuego y un seleccionado personal, que muy pronto, en un reducido grupo de cuadros, comenzó el aprendizaje del buceo en la Base Naval de Mar del Plata, asiento natural de la Escuela de Buceo de la Armada.

Instruido este primer “núcleo duro” de cuadros selectos y altamente capacitados por nuestros camaradas de la Armada Nacional, comenzaron a dictarse los primeros cursos para el resto del personal integrante de la Subunidad. En el ínterin, y habiéndose practicado las investigaciones técnicas del caso, se adquirieron en Francia e Italia respectivamente, los equipos de buceo Cousteau Gagnan y Pirelli LS-901. Los unos, de aire comprimido y válvula reductora de una etapa y dos mangueras y los otros, también llamados “equipos de combate”, que funcionaban con circuito cerrado y Oxígeno, siendo idénticos a los que había empleado la Regia Armada Italiana con sus hombres rana y “Maiale”, en las ya para entonces, célebres y exitosas como arriesgadas incursiones subácuas a los puertos ingleses del Mediterráneo.

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Otros modelos de reguladores modelo “Mistral”, que conservando una apariencia semejante al antiguo, son mucho más modernos, habiéndoseles eliminado el engorroso “soplido”…



Estos equipos, comprados en una notable cantidad, permitían que el efectivo total de la subunidad, dispusiera del suyo propio asignado con cargo. Eran bibotellas, con una sólida y equilibrada construcción y disponían de una excelente flotabilidad neutra, siendo muy cómodos para su equipamiento.

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No sucedía lo mismo con la válvula reductora modelo “Mistral”, la que carecía de lo que en más modernas presentaciones de estos dispositivos, se denominaría “Válvula pico de pato”. Ello determinaba que de las dos mangueras corrugadas con una pieza de boca, sirvieran para inhalar y espirar el aire bucalmente. Por la manguera que traía el aire, fluía este sin inconvenientes, particularmente, cuando se regulaban en forma precisa las palancas internas del sistema reductor.

Lo incómodo era que por la manguera de desagote, también se inhalaba agua, debiéndose obtener una gran confianza con el equipo (tras largo entrenamiento en situaciones controladas de buceo en pileta), y aprender a colocar la lengua durante la inspiración, de manera tal que sirviera de “pantalla deflectora” que entraba junto con el agua, y tragar esta o bien, inclinarse para el lado de esta manguera, generalmente, de acuerdo a la forma reglamentaria del regulador, colocada a la izquierda y efectuar un fuerte soplido del agua para vaciar la manguera. No resultaba realmente una experiencia gratificante, particularmente al principio del entrenamiento, pero obtenido éste, se convertía en un movimiento reflejo.

El problema se presentaba, cuando por error, al desarmar los reguladores, se invertían las mangueras y el buzo, por más que se inclinara a la izquierda y soplara, no hacía más que lograr que entrara más agua… No obstante, resultaron ser magníficos equipos, que tuvieron una larga vida y que terminaron siendo rematados, (¡por increíble que parezca, con la intención de convertirlo en matafuegos!), sin que llegaran a cumplir la totalidad de ellos las horas de uso aconsejadas para su recambio, en virtud de que por la gran cantidad existente y no ser usados todos en forma simultánea, se terminó reservando un número “para baqueteo” y una gran cantidad para “pañol de repuestos”.

Como trajes de buceo, se adquirieron primero unos modelos de tipo seco, estancos, de muy buena calidad, pero muy frágiles para el rudo trabajo militar que debían soportar, por lo que duraron muy poco. Fueron los modelo “Phoque”, con buzo de lana interior, que venían con el equipo Cousteau Gagnan y el modelo Pirelli LS 901, italiano, muy semejante al anterior. Posteriormente, se adquirieron en Francia, trajes húmedos modelo “Calypso”, de excelente calidad, que duraron más de treinta años de uso intensivo y reparaciones infinitas.

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A esta primera generación de equipos de buceo, toda una novedad en nuestras FF.AA., ya que fueron adquiridos en forma conjunta por nuestra Armada y el Ejército, en forma prácticamente inmediata a su invención y fabricación en serie, le siguió una cuantiosa adquisición de equipos respiratorios de la marca alemana Dräger Atemluft, modelo PA 61 “Atlantic”, de calidad y condiciones insuperables. Eran bibotellas, con un regulador semejante al del Cousteau Gagnan, que en lugar de ajustarse con un estribo, se lo hacía con un racor de empalme a rosca. Un cómodo arnés y lo reducido de sus dimensiones y peso, lo convertían en un artefacto sumamente cómodo y placentero para bucear en las condiciones en las que normalmente trabajaban los zapadores en el río: gran corriente y visibilidad nula…

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Además, poseían una pieza de boca grande pero cómoda, con válvulas de plato que impedían la entrada de agua durante la inspiración bucal y como medida de seguridad, la manguera expulsora, poseía una válvula “pico de pato” que reforzaba cualquier posibilidad de filtración de agua durante la respiración. Comparativamente, resultaron ampliamente superiores, pero por la cantidad que se adquirió, se procedió de idéntica forma que con los modelos Cousteau Gagnan.

Tras que aparecieran en forma generalizada, iniciando la década de los ’70, los equipos monobotella, particularmente de la marca SCUBAPRO, más versátiles, cómodos, confiables y prácticos, se procedió a dar de baja a todos, a TODOS los equipos Cousteau Gagnan, Dräger y Pirelli, enviándoselos a remate al desaparecido Batallón de Arsenales Depósito 601 “General Domingo Viejobueno”.

Por suerte para mis entrañables e inolvidables actividades de buceo, enterarme del remate, concurrir presurosamente al Batallón de Arsenales y adquirir un equipo Dräger completo, varios reguladores y un sinfín de repuestos, junto con la hermosa pero destartalada caja de madera original, fue una sola cosa… Allá salí luego de revolver entre una pila enorme de materiales en lastimoso estado y por qué no decirlo, de gratos recuerdos y algunos ingratos también, porque no sería buzo si no hubiera tenido alguno que otro “susto” en mis andanzas subacuáticas… pero con el baúl del auto lleno de buenas perspectivas.

Así fue como me armé de un hermoso equipo al que de inmediato entregué a un viejo y conocido amigo, suboficial retirado de la Armada, que poseía un taller de reparación integral de estos artefactos. Realmente, a pesar de que particularmente en La Boca, hay varias empresas dedicadas al buceo y a haberse generalizado ampliamente esta actividad desde un enfoque deportivo y laboral, este taller era en su momento, toda una rareza y más lo era su propietario, quien había formado incluso parte de la aventurera tripulación del “Calypso”, luego de su prematuro retiro, en virtud de los miles de horas de buceo que cuidadosamente tenía registradas.

Estas, contabilizadas como “actividad riesgosa” (que en verdad, desde un enfoque militar, lo es), le habían permitido retirarse cumplido en años de servicio y con una edad como para volver a instalarse, pero comercialmente, en una actividad que dominaba a la perfección.

Entregárselo y verle relucir los ojos, me lo dijeron todo… al poco tiempo, me llamó por teléfono para avisarme que me lo traía. Al verlo, quedé deslumbrado: Además de granallarlo en su interior para quitarle todo resto de óxido producto del aire húmedo con que se lo llena, hacerle la prueba hidráulica que aseguraba la resistencia del material, repasar toda la robinetería, plastificar los botellones y hacerle una adaptación para usarlo con un regulador más moderno, lo había dejado hecho una verdadera y brillante joya.

Con un viejo arnés de paracaídas T-10 que poseía, le confeccioné un mejorado y cómodo juego de correas para ajustarlo a mis espaldas, parecido al original y le completé algunos detalles a mi gusto. Reemplacé el manómetro indicador de la presión de aire, dejando el de fábrica, modificado para usarlo como quita y pon, sólo para la verificación de carga y luego me aboqué a fabricarme —sólo por cosas de nostalgia—, un regulador Mistral, al que no tuviera que soplar para no inspirar agua…

Utilizando mangueras corrugadas de un equipo Dräger y su pieza de boca, las adapté al mejor juego de Mistral que tenía dentro de mi amplio stock de repuestos obtenido, agregándole la famosa válvula “pico de pato”, para evitar ingerir agua. A la llave de ajuste del estribo la reemplacé por un volante de goma de un moderno pero destrozado regulador SCUBAPRO, y allí tengo, a más de treinta años de esta operación, un equipo que parecerá viejito, pero que es como poseer un Ford “T” del buceo. Muestro algunas fotos de mi joya:

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Adaptación del racor de empalme, colocándole un dado para usar con reguladores modernos de dos etapas y una manguera.
La tuerca hexagonal de bronce es un tapón para la abertura de donde se conectaba el manómetro, con una manguera visible para el buzo. La varilla celeste de la derecha es la que acciona la reserva



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Al viejo pero recalibrado manómetro de presión de los tanques se lo ha sacado de su ubicación original, convirtiéndolo en un accesorio de quita y pon.



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La híbrida pero muy eficiente conjunción del regulador Mistral, con la pieza de boca del equipo Dräger.



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La pieza de boca del Dräger, con sus válvulas de plato para impedir la entrada de agua en la inspiración.



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El regulador Mistral mostrando su volante de goma SCUBAPRO,
para ajustarlo a la salida de aire de los botellones.



Hoy en día, cada tanto lo saco, miro y acaricio, recordando los viejos buenos tiempos y las largas horas pasadas practicando esta apasionante actividad. Tal vez, el lector se pregunte cómo algo que es tan riesgoso y desagradable desde el enfoque militar, pueda suscitar los sentimientos que evoco…

Lo cierto es que las actividades riesgosas, máxime cuando se llevan a cabo con y entre grupos reducidos, de “especialistas”, generan particulares afectos entre quienes participan de ello y desarrollan un singular espíritu de cuerpo, máxime, cuando se pasa por algún “susto”… y en mi caso, tuve varios en los largos y añorados tiempos de juventud y aventura en que practicábamos esto, sintiéndonos un poco superhombres…

Volviendo a tratar de la unidad en que todo esto sucedía, diremos, que con el tiempo, hacia 1963, nació el Centro de Instrucción de Ingenieros de Construcciones, con asiento en Santo Tomé, Santa Fe. La Compañía de Ingenieros Anfibios perdió su estado de subunidad independiente, perdió su carácter de motorizada y pasó a ser una subunidad del centro, dependiendo directamente de su director. Al año siguiente, con las grandes reestructuraciones de ese año en toda la fuerza, la Compañía fue elevada a la magnitud de batallón, integrando el Centro de Ingenieros de Construcciones.

A fines de 1964 se disolvió el Centro de Ingenieros de construcciones, pasando sus elementos a formar parte de dos unidades independientes: El Batallón de Ingenieros de Construcciones 121 y la Agrupación de Ingenieros Anfibios 601, esta última, dependiendo ahora de las formaciones del Estado Mayor General del Ejército. Con esta denominación se mantuvo hasta fines de la década del ’80, en que volvió a redenominarse Batallón de Ingenieros Anfibios 121, dependiendo del IIdo cuerpo de Ejército y convirtiéndose, tanto con el apoyo que brinda con sus embarcaciones como con sus cada vez más especializados Buzos, en una de las unidades más emblemáticas, particulares y apreciadas del Arma de Ingenieros.

Los Buzos del Ejército hoy


Con el andar del tiempo, la especialidad creció, agrandó sus posibilidades, acrecentó sus inventarios con materiales de última generación, adaptados tanto para típicos trabajos de “lobo de río”, como a y realizó cursos cada vez más complejos, completos y especializados. Su espíritu creció también y sus inventarios con modernos equipos de circuito abierto de diversas marcas, sofisticados equipos de circuito cerrado de oxígeno para actividades de combate, armamento específico para actuar en el medio acuático y sensibles accesorios para operar en forma anfibia.

El convertirse en una herramienta altamente necesaria, hace que hoy en día, los Buzos de Ejército y su unidad madre, el B Ing Anf 121, constituyan elementos imprescindibles dentro de las actuales misiones del Ejército Argentino, lo que motivó una generación de doctrina de empleo propia y la realización de cursos cada vez más completos y exigentes. Este nuevo perfil de la Aptitud Especial, le permitió proyectarse fuera del Arma de Ingenieros, integrando actualmente otros elementos organizados, equipados e instruidos según las nuevas estructuras y misiones de la Fuerza.

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Caben hacer unas reflexiones finales: Esta unidad se creó en postrimerías de la IIda Guerra Mundial, al observarse la importancia que tenía el desarrollo de operaciones anfibias.

Prácticamente en forma inmediata al final de la gran conflagración, se organiza y se la dota de los más modernos materiales de la época, en los que especializó a todo su personal, tanto en la misión de operar embarcaciones con que navegar a lo largo o a través de nuestros grandes ríos mesopotámicos, como para entrenar a nuestros Buzos de Ejército, convirtiéndolos en una de los cuerpos de Élite con que cuenta la Fuerza. Con su boina marrón y el escudo que los identifica, nuestros buzos son los descendientes de aquellos esforzados soldados que en forma precaria y riesgosa, comenzaron en la casi doblegada Italia a revitalizar sus exiguas fuerzas en pos de sus objetivos de guerra. Incluso, tras la capitulación y pasaje al bando aliado, continuaron brindando sus experiencias a quienes fueran sus antiguos enemigos, tal como lo rescata una anécdota interesante:

El capitán Luigi Durand de La Penne realizó una serie de exitosos raids sobre el puerto británico de Alejandría en Egipto. Los llevó a cabo con sus buzos y con los “Maiale”, hundiendo a los acorazados británicos HMS “Valiant” y HMS “Queen Elizabeth”, un petrolero y un destructor. La hazaña fue a un duro precio, ya que por problemas técnicos en los equipos respiradores y en los “Maiale”, varios de los integrantes del team de trabajo, perdieron la vida y él y su compañero de torpedo, fueron descubiertos por la tripulación del “Valiant” y tomados prisioneros. Interrogados, se negaron a brindar ninguna información, siendo encerrados en una celda que quedaba inmediatamente encima de donde habían dejado las cargas explosivas con espoletas de tiempo.

Faltando escasos minutos para el estallido, llamó al guardia y pidió ser llevado en presencia del comandante del buque. Llevado que fue, y comenzado un nuevo interrogatorio, Luigi Durand De la Penne le informó que en escasos minutos el buque volaría, exigiéndole que salvara de inmediato a la tripulación del Valiant y los otros buques. De inmediato, esta fue desembarcada, en momentos en que estallaba una terrible explosión, haciendo que se le abriera en el vientre del buque una vía de 12 mts. de largo. Instantes después, sucedía lo propio con el “Queen Elizabeth” y a la distancia, dentro del puerto, el petrolero, se levantaba en un torbellino espantoso de llamas. Ambos buques, habiendo evacuado a las tripulaciones se posaron sobre el bajo fondo de la dársena, comenzándose un lento trabajo de reparación que dejaría durante más de un año inactivos a ambos buques, y con ella inoperante a la flota británica. La misión estaba cumplida.

Durand De La Penne no quiso dar la voz de alarma antes, en la prevención de que el comandante inglés hiciera correr el buque de su amarradero, impidiendo el éxito de la operación, pero apreció innecesario, volándose el buque, que muriesen con él centenares de marinos británicos. La misión había sido lograda exitosamente, sin costo de vidas. Al poco tiempo, Italia depuso las armas, pese a lo cual, las autoridades italianas no olvidaron los actos heroicos de muchos de sus hombres. Entre ellos, estaba Luigi Durand De La Penne.

En momentos en que iba a ser condecorado por el príncipe Humberto de Saboya, de entre los presentes salió el almirante inglés que había comandado la fuerza naval británica en el Mediterráneo y adelantándose al príncipe Humberto, pidió ser él quien prendiera en el pecho de ese valiente la condecoración a la que se había hecho acreedor.

…Y como una forma de recordar actos heroicos, aunque sean ajenos, en mis búsquedas por las casas de Modelismo, descubrí, de la firma Italeri, la maqueta en escala 1:35 del S.L.C. 200 “Maiale” (catálogo Nro 5605), en presentación especial, con planos y folletos fotográficos en colores y datos históricos, incluidos dos buzos equipados con los equipos Pirelli que usaran los precursores de esta actividad en el Batallón de Ingenieros Anfibios 121. Trae una muy buena reproducción del torpedo tripulado “Maiale” con el que comenzáramos este relato de Militaria, una excelente matricería y gran detalle de los equipos de buceo, incluidas algunas piezas en fotograbado que permiten obtener un óptimo resultado. Aquí va:

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Espero haber aportado datos poco conocidos, interesantes e ilustrativos de la actividad anfibia de nuestros Ingenieros, basándolas en las experiencias de la 2da Guerra Mundial sobre las que se fundamentara el Ejército para crear una unidad tan especial, constituyéndose en pionera de la actividad del buceo en nuestro país, junto con los integrantes de nuestra Armada.

Simultáneamente, con la publicación de este artículo, homenajeo a esta hermosa unidad en la que revistara en los comienzos de mi carrera y de la que posteriormente, fuera su 2do Jefe. Su particular espíritu de cuerpo y las características singulares de las actividades desarrolladas por su personal, generaban un enorme sentido de pertenencia y un orgullo especial por sentirse integrante de un equipo humano habilitado para misiones de riesgo. Hoy, habiéndose proyectado enormemente en el marco de la Fuerza, trascienden de los viejos cuarteles de Santo Tomé (Santa Fe), encontrándose fracciones de Buzos de Ejército dentro de los elementos de Despliegue Rápido con que cuenta la Institución. Esa mayoría de edad, obtenida a través de no pocos riesgos y sacrificios, le valieron a la Aptitud Especial y a la Unidad, ser reconocidas por modestas exteriorizaciones como el uso de un emblema particular de destino y oficializar el uso de la boina marrón con la que nos comenzamos a identificar los Buzos de Ejército, comenzando la década del ’90.

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Emblema de Destino del Batallón de Ingenieros Anfibios 121



flecha Autor del Artículo: Mayor (R) Museólogo Sergio O. H. Toyos


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